2/9/10

No hay nada

No hay nada que ver
Nada que oler
Nada que sentir
Nada a percibir

No se que hacen aca
Todos ustedes saben
Que yo vine a verla
Quiero estar solo con ella

No hay que pensar
En lo que va a pasar
Porque todos ustedes saben
Lo que yo quiero inmaginar

Y el tiempo que llevo asi
Y todo lo que vivi
Creo que me me lo mereci
Y esto me lo gane

No me cuestionen mas
Solo consíganse un lugar
Porque todos ustedes saben
Que yo lo voy a lograr

Nadia

No tengas más miedo, nena
Que todo va a estar bien
Sentí el suelo, y la arena
Que se disuelve, en mil, en cien

Dame tu mano, mi amor
Bailá la danza, del dolor
No tengas miedo, mi piel
Es solo tuya, no de aquél

Desarmate, y a rodar
Una sinfonía, para vivir
No es mía, ni tuya
Es para aquél, que está por venir

Prendete, de mis hombros
Y dejate reposar
Sentí, que te llevo
Podés, si querés, dejarte soñar

Me engancho en vos, y vos me cuidás,
Siento que la locura que me mata
Nunca más va a llegar
Que puedo confiar en vos

No tengo más miedo
Me vuelve en color
No estoy más ciego
No hay dolor
Confío, vuelvo, te creo
Me voy, vuelvo, me voy
Y vuelvo

(Pul) Lover

Era bueno
Era mi parte sin freno
No tenía ni un apice de más
Alla está

Se fue y no volverá
Unas licores, un olor
y todo lo demás
La maldita bruja lo mató

Y mi venganza es que no me pueda oir
Ni aunque grite, llore o le pueda mentir
No va a estar ahí para saberlo
Porque no se lo ganó

Demasiado enojado para llorar
Demasiado malo para cantar
Demasiado mío para contarlo
Pero no lo bastante sucio para olvidarlo

Era lo único que era mío
Y la vieja limpia lo ahogó
Se desquitó con él
Pero me perdió a mí

La traición, la compra
Y su vieja escuela
Las plasma donde quiere
Y en las muelas

No te las hace saber
Se ''disculpa''
Está orgullosa de su mierda
Y la limpia con olor a pis de gato

No tengo un ápice de paciencia
Pero en realidad querría matarla
Mil odios y venganzas
Matar al suyo, pegarle en la cara

Pero meticuloso, loco, horrible
Violento, inteligente
Macabro, incompetente
Odio, maldicion

Pero igual
Ya se fue

Interesting

Tuve un sueño.
En él, una vieja sombra
vino a buscarme.
Caminamos juntos un poco
Y hablamos.
Me exigió cosas,
como había hecho en otra época,
pero hubo cambios.
Me di cuenta que estaba
en mi inconciente
Y que aquella sombra que me acosaba
Solo era la sombra,
joven, tonta y pequeña
de otra sombra,
vieja, ciega, y debil,
que ya había perecido tiempo atras.
Caminamos otras cuadras,
y se esforzó por intimar conmigo
por acercarse.
Más allá de mis miedos, la enfrenté
y me di cuenta
de que es lo que quiero.
Y fue raro;
esta pequeña sombra
era tonta y joven, pero
algo más entendía.
Pudimos hablar.
Obviamente esto sólo pasa en mis sueños
Pero le dejé bien en claro
que no me interesaba verla más
Y qué quería que se fuera.
Y me entendió,
y sin resentimientos
se fue.
Y yo en mi sueño,
me fui a buscar a mi amada;
y la vi, y sonreí, y fui feliz
y desperté.
Y ahí estaba ella, mi amada.
y yo no tuve miedo.
Y me besé.
Y me besó.
Y al fin dormi.

Historia

Tomá: no tendrás más miedo con ello.
Y caminando se fue hacía la lejana zona. La música era distante, pero ya no le preocupaba. Esa típica sensación extraña, como de que algo no iba bien lo volvía a atrapar, pero no lo asombraba. Por fin llegó al portal, y se sentó.
Estaba triste, a decir verdad. Amalía otra vez sólo le había dado ''bola''. O sea, no pasaba de eso. Ensima sus amigas la hacían desconfiar.
Él no lo hacía para autodestruirse, pero necesitaba un escape. Encendió un cigarrillo. Y tuvo miedo. Realmente estaba oscura la maldita calle, y su tabaco brillaba como una señal, invocando algo que él seguramente no quería que venga.
Tenía otros problemas... las peleas con su familia y principalmente, con su abuela (esa estúpida vieja ricachona, que sólo porque les pasaba algo de guita se creía una reina), últimamente le había estado insistiendo con el tema del colegio. ''La puta madre'' pensó, ''se que no soy el más aplicado, pero aunque sea sólo son 4 bajas, y sólo una es un aplazo''. Realmente ese día no quería volver a casa. Cerró los ojos y se recostó sobre la puerta. Aspiró el humo otra vez, e intentó relajarse.
Estaba todo muy brillante, sólo porque ya no veía la oscuridad que tenía alrededor. Amalía lo seguía, y aunque no hablaba, le daba algo de calor con la mano
No podía distinguir bien a donde iba, pero sabía que era algo bueno; si estaba Amalía tenía que ser algo bueno. La había buscado durante tanto tiempo. Intentó darse vuelta, mirar a Amalía a lo que había atras, pero no podía, algo le forzaba el cuello. Le dio miedo, pero siguió adelante. De golpe, se tropezó y empezó a caer en picada, Amalía le seguía tomando la mano, pero...
Pegó un grito y tiró lo que fuese que tenía en la mano. Estaba muy oscuro, pero no podía ser muy tarde... la calle se veía exactamente igual que cuando se había sentado. Claro que no hay muchas diferencias entre las once y las dos. Se besó los dedos.El circulo de dolor se estaba poniendo amarillo, y no se veía muy bien. Buscó las llaves y no las encontró. Insultó por lo bajo. Otra vez tendría que ir a casa.

En la puerta

Era un jueves. Anochecía. Él estaba parado frente a la puerta de vidrio. El frío lo hacía soltar volutas de vapor con cada suspiro, húmedas como el sudor que chorreaba de la puerta. Él empezaba a tiritar, su respiración se desacompasaba. Algo a medio camino entre una lágrima y una gota condesnada chorreaba por su ojo hasta su mejilla. Él empezó a caminar de un extremo de la puerta al otro. Pequeños tics comenzaban a aparecer. Lentamente, dirijió su mano izquierda hasta su boca, para mordisquear su tercer dedo, mientras levantaba su ceja derecha. Un leve murmullo empezó a brotar de su boca, al tiempo que horribles imágenes invadían su mente. Empezó a oscilar de un lado a otro, tieso en su lugar. Primero rápido, luego lento, disminuyendo cada vez más su velocidad, hasta terminar sentado en el piso, con sus piernas abrazadas a su pecho. Se quedó quieto, sin moverse. No más sonidos salían de su boca. Cuando parecía haber muerto, algo lo reanimó. Cuando un zumbido se oía lejano, se levantó y buscó arreglarse, mientras se sonreía tensamente al espejo. Tras el chasquido de la puerta salió ella, exultante ante sus ojos. Lo abrazó primero, para luego besarlo. Después lo tomó firmemente de la mano. Y se fueron.

(Manuel) En la jungla

Avanza rápido. Siente que alguien lo sigue. No sabe que o quien, pero está ahí, es algo tangible. Puede hasta casi olerlo. Pero no se atreve a voltear. Llega al refugio y se acuesta, solo. No tiene compañia. Ni siquiera antes de dormir mira atras.
Despierta. Otra vez tuvo sueños intranquilos. La maldita presencia sigue ahí. Pero la olvida. Se esfuerza por borrarla. La ignora, se esfuerza por ignorarla. Sale. Busca su arma y sale a cazar. Encuentra animales, vida y comida. Los persigue. Y la presencia. Mezclada entre el bosque y las cumbres lo sigue. Se esfuerza por seguir ignorandola. Caza un pequeño ser. Lo lleva al hogar. Lo cocina y se lo come. Sabe a la presencia. Se duerme aun sin mirar.
Sueña. Sueña con la presencia. Pero no se atreve a mirarla ni en sueños. Sueña una ceguera, una falta de sentidos purificadora, que lo lleva a un extasis pacífico.
Pasan meses años y días. Envejece. Su humor envejece, y tambien su piel y sus ojos.
Su cerebro se arruga. Pero la presencia no. No la olvida. No puede olvidarla. Está ahí. La sigue oliendo al igual que todos los otros días. Se cansa. Pero teme. Tantos años de forzarse, hacen que tema. Y no mira.
Días pasan. No meses, no hace falta tanto. La ira se gesta en él. Más el miedo seguirá impidiendolo. Pero la ira está. En su soledad y angustia, encuentra una guía: su furia. Esta le enseña y lo nutre. Lo prepara. Sientiendo la presencia sobre sí, prepara sus armas, desarrolla sus armaduras. Cuando al fin se siente listo, toma su arma fuerte por la empuñadura, se aprieta su protección, y se da vuelta. Luego de toda una vida, enfrenta a la presencia, le da la cara, busca mirarla a los ojos. Pero no hay nada. No hay nada que pueda ver, o tocar u oler. Está solo. Está solo en la jungla. No hay nadie más que él. Y entiende.