2/9/10

Interesting

Tuve un sueño.
En él, una vieja sombra
vino a buscarme.
Caminamos juntos un poco
Y hablamos.
Me exigió cosas,
como había hecho en otra época,
pero hubo cambios.
Me di cuenta que estaba
en mi inconciente
Y que aquella sombra que me acosaba
Solo era la sombra,
joven, tonta y pequeña
de otra sombra,
vieja, ciega, y debil,
que ya había perecido tiempo atras.
Caminamos otras cuadras,
y se esforzó por intimar conmigo
por acercarse.
Más allá de mis miedos, la enfrenté
y me di cuenta
de que es lo que quiero.
Y fue raro;
esta pequeña sombra
era tonta y joven, pero
algo más entendía.
Pudimos hablar.
Obviamente esto sólo pasa en mis sueños
Pero le dejé bien en claro
que no me interesaba verla más
Y qué quería que se fuera.
Y me entendió,
y sin resentimientos
se fue.
Y yo en mi sueño,
me fui a buscar a mi amada;
y la vi, y sonreí, y fui feliz
y desperté.
Y ahí estaba ella, mi amada.
y yo no tuve miedo.
Y me besé.
Y me besó.
Y al fin dormi.

Historia

Tomá: no tendrás más miedo con ello.
Y caminando se fue hacía la lejana zona. La música era distante, pero ya no le preocupaba. Esa típica sensación extraña, como de que algo no iba bien lo volvía a atrapar, pero no lo asombraba. Por fin llegó al portal, y se sentó.
Estaba triste, a decir verdad. Amalía otra vez sólo le había dado ''bola''. O sea, no pasaba de eso. Ensima sus amigas la hacían desconfiar.
Él no lo hacía para autodestruirse, pero necesitaba un escape. Encendió un cigarrillo. Y tuvo miedo. Realmente estaba oscura la maldita calle, y su tabaco brillaba como una señal, invocando algo que él seguramente no quería que venga.
Tenía otros problemas... las peleas con su familia y principalmente, con su abuela (esa estúpida vieja ricachona, que sólo porque les pasaba algo de guita se creía una reina), últimamente le había estado insistiendo con el tema del colegio. ''La puta madre'' pensó, ''se que no soy el más aplicado, pero aunque sea sólo son 4 bajas, y sólo una es un aplazo''. Realmente ese día no quería volver a casa. Cerró los ojos y se recostó sobre la puerta. Aspiró el humo otra vez, e intentó relajarse.
Estaba todo muy brillante, sólo porque ya no veía la oscuridad que tenía alrededor. Amalía lo seguía, y aunque no hablaba, le daba algo de calor con la mano
No podía distinguir bien a donde iba, pero sabía que era algo bueno; si estaba Amalía tenía que ser algo bueno. La había buscado durante tanto tiempo. Intentó darse vuelta, mirar a Amalía a lo que había atras, pero no podía, algo le forzaba el cuello. Le dio miedo, pero siguió adelante. De golpe, se tropezó y empezó a caer en picada, Amalía le seguía tomando la mano, pero...
Pegó un grito y tiró lo que fuese que tenía en la mano. Estaba muy oscuro, pero no podía ser muy tarde... la calle se veía exactamente igual que cuando se había sentado. Claro que no hay muchas diferencias entre las once y las dos. Se besó los dedos.El circulo de dolor se estaba poniendo amarillo, y no se veía muy bien. Buscó las llaves y no las encontró. Insultó por lo bajo. Otra vez tendría que ir a casa.

En la puerta

Era un jueves. Anochecía. Él estaba parado frente a la puerta de vidrio. El frío lo hacía soltar volutas de vapor con cada suspiro, húmedas como el sudor que chorreaba de la puerta. Él empezaba a tiritar, su respiración se desacompasaba. Algo a medio camino entre una lágrima y una gota condesnada chorreaba por su ojo hasta su mejilla. Él empezó a caminar de un extremo de la puerta al otro. Pequeños tics comenzaban a aparecer. Lentamente, dirijió su mano izquierda hasta su boca, para mordisquear su tercer dedo, mientras levantaba su ceja derecha. Un leve murmullo empezó a brotar de su boca, al tiempo que horribles imágenes invadían su mente. Empezó a oscilar de un lado a otro, tieso en su lugar. Primero rápido, luego lento, disminuyendo cada vez más su velocidad, hasta terminar sentado en el piso, con sus piernas abrazadas a su pecho. Se quedó quieto, sin moverse. No más sonidos salían de su boca. Cuando parecía haber muerto, algo lo reanimó. Cuando un zumbido se oía lejano, se levantó y buscó arreglarse, mientras se sonreía tensamente al espejo. Tras el chasquido de la puerta salió ella, exultante ante sus ojos. Lo abrazó primero, para luego besarlo. Después lo tomó firmemente de la mano. Y se fueron.

(Manuel) En la jungla

Avanza rápido. Siente que alguien lo sigue. No sabe que o quien, pero está ahí, es algo tangible. Puede hasta casi olerlo. Pero no se atreve a voltear. Llega al refugio y se acuesta, solo. No tiene compañia. Ni siquiera antes de dormir mira atras.
Despierta. Otra vez tuvo sueños intranquilos. La maldita presencia sigue ahí. Pero la olvida. Se esfuerza por borrarla. La ignora, se esfuerza por ignorarla. Sale. Busca su arma y sale a cazar. Encuentra animales, vida y comida. Los persigue. Y la presencia. Mezclada entre el bosque y las cumbres lo sigue. Se esfuerza por seguir ignorandola. Caza un pequeño ser. Lo lleva al hogar. Lo cocina y se lo come. Sabe a la presencia. Se duerme aun sin mirar.
Sueña. Sueña con la presencia. Pero no se atreve a mirarla ni en sueños. Sueña una ceguera, una falta de sentidos purificadora, que lo lleva a un extasis pacífico.
Pasan meses años y días. Envejece. Su humor envejece, y tambien su piel y sus ojos.
Su cerebro se arruga. Pero la presencia no. No la olvida. No puede olvidarla. Está ahí. La sigue oliendo al igual que todos los otros días. Se cansa. Pero teme. Tantos años de forzarse, hacen que tema. Y no mira.
Días pasan. No meses, no hace falta tanto. La ira se gesta en él. Más el miedo seguirá impidiendolo. Pero la ira está. En su soledad y angustia, encuentra una guía: su furia. Esta le enseña y lo nutre. Lo prepara. Sientiendo la presencia sobre sí, prepara sus armas, desarrolla sus armaduras. Cuando al fin se siente listo, toma su arma fuerte por la empuñadura, se aprieta su protección, y se da vuelta. Luego de toda una vida, enfrenta a la presencia, le da la cara, busca mirarla a los ojos. Pero no hay nada. No hay nada que pueda ver, o tocar u oler. Está solo. Está solo en la jungla. No hay nadie más que él. Y entiende.

El Sol

Amanece el sol
¿Siente él
su propio calor?
Diría que pide ayuda
Quizá también tiene dudas

¿Podrá el sol pensar?
¿Será un dios,
Una conciencia estelar?

Es un dios con gula
Su divinidad es su tumba
No puede ya volar
Sólo orbitar

El te saca el agua
Te seca
Y ni el mar tiene tanta agua
No sueñes con regresar

En el desierto es la bola
En el oceano la luz motora
Te hace secar
No hay lugar
Ni para llorar

Ella

Preparando la comida, se da cuenta. Aunque el pensamiento la espanta, se da cuenta que no hay nada que hacer. Ella es así y así será. Y quizás nadie la quiera, ni ahora, ni nunca jamás. Pero está condenada por su forma de actuar y de pensar. Algún eje interno que no puede localizar la bloquea, y le quita la capacidad de quitarse (de sí misma). Tiene un espásmo y se pone a llorar. Las lagrimas le caen lentamente por sus ojos, ojeras, cachete, labios, pera, y se seca. Quiere negar lo que le molesta, para hacerse la fuerte, pero no se da cuenta que esos pobres intentos de fortalecerse son su mayor debilidad. Es eso, es su orgullo, y su ceguera lo que le impiden defenderse, cuando es ella misma la que sea ataca, y no lo otros. Cuando piensa que en realidad son sus seres queridos y cercanos los que la destruyen, y en el fondo nos es más que ella misma. Mientras se deja caer en el piso, empieza a oler como lo que preparaba se quema. Pero no hace nada, y se deja estar. Sigue pensando, en que hacer, en que hacer. Hace un repaso mental de todos lo últimos acontecimientos: sus perdidas, sus ganancias, sus tritezas y sus sonrisas. Así mientras el humo sube, se decide, se arma de valor, encuentra los caminos correctos y hace sendos planes. Todo empieza a cuadrar, y aun con los cachetes mojados se levanta. Es ahí cuando recapacita en lo que antes había ignorado, en lo que el fuego estaba destrozando. Y se deja caer otra vez.

Durísimo (mini)

Te encargaste de arruinarlo todo
Excepto todos esos buenos momentos

Aprendí de todo,
Incluso como endurecer más el cemento

Pensé en quemarme vivo
Pero el quemarte a vos era un sufrimiento

Tuve miedo, pánico y odio
Y todavía a veces lo siento